viernes, 31 de agosto de 2012

AUTORES ROMANOS



AUTORES ROMANOS

El mundo griego nos ha legado las grandes ideas universales y las bases fundamentales de nuestro pensamiento, mientras que, siglos después, Roma las extendió por un inmenso territorio que abarcaba todo el Mediterráneo y se ha dado en llamar el “Imperio”. Y nuestro actual mundo occidental, en buena parte, está formado por la tradición romana: su manera de entender la vida (las costumbres, el Derecho, el Cristianismo) y, sobre todo, su idioma, el latín, lengua madre de nuestro romances medievales y, por tanto, de nuestra lengua castellana. Todos son elementos primordiales para entender nuestro presente más inmediato.

Los romanos, por lo general, fueron escasamente originales en cuanto al arte puesto que, tras la conquista definitiva de Grecia en el siglo II a.C., y casi completado uno de los mayores imperios que ha visto la Historia, se afanaron ante todo en “imitar”, adaptar y, en lo posible, superar, el modelo cultural heleno que consideraban único. Así pues, nos encontraremos con una literatura “de asimilación”, de semejanzas (en el teatro, la lírica y la filosofía) pero también de cierta renovación (en la prosa sobre todo) que se desarrolló con particular brillantez entre los siglos I a.C. y I d.C., la llamada “época clásica” o “época de oro” de la literatura latina. 

1. El teatro de Plauto

Vivió nuestro primer autor los tiempos de la segunda gran guerra entre las entonces potencias políticas y militares del Mediterráneo, Roma y Cartago, las llamadas “Guerras Púnicas”, a caballo de los siglos III y II a.C.
Plauto fue un hombre de condición humilde que dedicó casi toda su vida a la comedia, género teatral preferido por el burlón carácter romano en lugar de la tragedia, y para ello tomaba como ejemplo argumentos, ambientes y personajes de tipo griego.
Eran tiempos de un teatro incipiente, con un público socialmente variado y de escasa cultura que se reunía en graderíos provisionales de madera, dispuesto, sobre todo, a pasar un buen rato, participando en un espectáculo (“ludus”) muy entretenido. Por esta razón, porque daba al público lo que éste más pedía, Plauto tuvo un gran éxito en su tiempo, escribiendo y representando un teatro ágil, muy divertido, repleto de sucesos rápidos, equívocos, juegos de palabras, bromas, con un lenguaje coloquial cotidiano y acompañado de música.

De sus comedias han salido los más variados enredos protagonizados por viejos avaros (Euclio, por ejemplo, temeroso de que le roben una olla llena de dinero en Aulularia), esclavos inteligentes y avispados, jovencitos enamorados cuya relación es obstaculizada por alcahuetes y padres severos; parásitos sociales, traficantes de hombres y, como paradigma de sus más conocidos personajes, el Miles gloriosus o soldado fanfarrón. Todos y cada uno de ellos han tenido su reflejo y pervivencia en obras y autores de todos los tiempos como Shakespeare, Lope de Vega o Moliere.

2. El final de la República: Julio César y Cicerón

En el siglo I a.C. se producen en Roma convulsiones políticas y sociales, incluso guerras civiles que van a liquidar el modelo institucional de siglos: la República de los magistrados y Senado. El sistema de gobierno que dio a Roma la primera grandeza se va resquebrajando sin remisión, y será esta época de crisis la que produzca dos de los nombres más ilustres del mundo antiguo: Julio César y Cicerón.

Julio César

Cayo Julio César fue un político y militar de familia patricia que alcanzó enorme importancia en su tiempo, y ha llegado hasta nuestros tiempos como una leyenda. Tras ocupar todos los cargos de la carrera política romana (desde la cuestura hasta el consulado del “cursus honorum”), llegó a la Galia como Procónsul con el objeto de conquistarla para Roma. Finalizadas sus campañas, después de diez años, regresó a Roma, inició una guerra civil contra su gran rival Pompeyo, y terminó con el sistema republicano, imponiendo un gobierno personal que sería el germen de los futuros regímenes de los “emperadores”. Finalmente murió asesinado en los “idus de marzo” del año 44 a.C. por la mano de nostálgicos republicanos que le consideraron un traidor y usurpador de los tradicionales poderes.

Además de su genio y talante, nos han quedado de César dos documentos de excepcional interés y calidad, que han servido como paradigma de la lengua latina durante siglos. En primer lugar, sus Comentarios sobre la Guerra de las Galias, una obra modélica que escribió como testimonio de sus batallas y victorias en su tierra proconsular, con afán de objetividad pero enalteciéndose a sí mismo con orgullo, en forma de “informes” que justificaran sus acciones ante los ojos del poderoso Senado de Roma. Entre sus páginas nos encontramos decenas de luchas con los más diversos pueblos de la Galia, Bélgica, Britania y Germania, descripciones de las costumbres de éstos (los druidas, por ejemplo) o los enfrentamientos casi épicos con poderosos jefes enemigos (entre otros destacamos al germano Ariovisto y al más conocido Vercingetorix, rey de los Arvernos).
La segunda de sus obras trata de sus impresiones y apuntes sobre la Guerra Civil contra el bando pompeyano.

Cicerón

Marco Tulio Cicerón es conocido en la Historia como “el orador por excelencia”, siendo considerado entonces este oficio público, tan romano en sus orígenes, como el de político y abogado. Compartió los peligrosos tiempos de César siendo, además, su rival ideológico y político.

Cicerón es autor de diferentes géneros y personifica también un modelo clásico de la consistencia y precisión de la lengua latina. De sus obras destacamos las filosóficas (con títulos como De Republica y De Legibus) y, sobre todo, los discursos de diferentes causas judiciales: las Catilinarias contra el revolucionario Catilina, que intentó por la fuerza obtener el poder cuando Cicerón era cónsul de Roma, o las Filípicas, violentos ataques contra Marco Antonio, heredero de la memoria de Julio César, que acabaron costándole la vida.

3. El comienzo del Imperio: Virgilio, Horacio y Ovidio.

Muerto Julio César, su sobrino y nieto adoptivo Octavio Augusto se convertirá en el creador de la primera dinastía imperial romana bajo el título de "princeps". Tras una etapa de enfrentamientos y nuevas guerras civiles, además de conflictos en las provincias (los belicosos cántabros y astures, por ejemplo) se inaugura a finales del I a.C. en Roma lo que habrá de conocerse con el nombre de "pax romana", un largo período de tranquilidad política, de paz, que se reflejará en el testimonio de muchos artistas en honor de su "príncipe". Escritores, escultores, arquitectos, etc. que comparten todos ellos una ideología común: recuperar los tradicionales valores que hicieron de Roma una potencia.
Es también aquel tiempo el de Mecenas, amigo del emperador y protector de los literatos.

Virgilio

Publio Virgilio Marón es el creador de la obra más representativa e importante de la literatura latina, el poema épico titulado la Eneida. Constituido por 12 libros (o capítulos), que se estructuran en dos partes diferenciadas: la primera de ellas (libros 1 a 6) semeja la Odisea pues narra el viaje de Eneas, el protagonista, mientras que la segunda (libros 7 a 12) se parece a la Ilíada al contarnos repetidos sucesos bélicos.

En la Eneida se cuentan las peripecias del príncipe troyano Eneas, que logra escapar de la ciudad desolada por los griegos, acompañado por parte de su familia y algunos compañeros, con el Destino de dirigirse hasta las tierras italianas y fundar allí un nuevo linaje, del cual surgirán luego los romanos. Entre los episodios más relevantes de la primera parte destacan especialmente dos: su relación amorosa y trágica con Dido, la reina de Cartago, y la visita de Eneas a la Sibila de Cumas, que le conduce hasta la entrada de los infiernos, en los que podrá ver a su fallecido padre y a los hombres que serán ilustres en la futura Roma. En la segunda parte, una vez llegado al Tíber, salvando los peligros y obstáculos que algunos dioses (la rencorosa Juno especialmente) le provocan, conocerá al rey Latino y luchará contra Turno, monarca de los Rútulos; hasta casarse, por último, con la princesa Lavinia.

La Eneida es un poema de batallas y héroes, escrito en honor del "princeps" Augusto, el gran reformador y pacificador de Roma, a cuya gloria se narran los acontecimientos protagonizados por Eneas, hijo de la diosa Venus. Y Eneas tendrá un hijo, Julo-Ascanio, del que surgirá la "gens Iulia" de donde decían proceder César y su heredero Octavio.
Otras obras del prestigioso poeta son las Bucólicas (poemas de tipo pastoril) y las Geórgicas, un tratado didáctico en verso sobre el trabajo del campo.

Horacio

El poeta nacido en Venusia fue otro de los protegidos por Mecenas, que le proporcionó una confortable villa en las colinas Sabinas en la que pudo escribir con todo su talento a favor del Emperador.

Su poesía es la manifestación de una perfección formal sin precedentes y expresión de una forma de vida anclada en el sosiego, la reflexión y la comodidad. De Horacio destacamos dos títulos:
-  Las Odas, un ejemplo de belleza de la palabra tanto para escolares como para hombres cultos de todos los tiempos. Bajo la influencia de poetas griegos como Safo, Alceo o Píndaro, trata Horacio temas personales y cotidianos, sus experiencias vitales, sus viajes, la relación con sus amigos, los escarceos amorosos, las delicias del campo, del vino, etc., junto con otros de mayor trascendencia pública. En las Odas se muestra como un profundo conocedor de la "naturaleza humana", fruto de una profunda preocupación sobre la condición del hombre.
-  La Epístola a los Pisones, conocida luego en la tradición literaria como Ars Poetica. Siguiendo el proceder de Aristóteles en su "Poética", Horacio proporciona algunos consejos sobre la conducta del escritor, disposiciones en torno al teatro o sobre los estilos artísticos, que han tenido mucha influencia en las literaturas europeas.

De Horacio guardamos también la expresión literaria de algunos de los llamados "tópicos" o lugares comunes de la literatura en la Edad Media y el Renacimiento-Humanismo, expresiones poéticas que se han convertido en universales: el "carpe diem"  (incitación a aprovechar el momento presente ante la fugacidad de la vida) y el "beatus ille" (la exaltación de la vida retirada y tranquila, frente a las angustias y peligros de la corte, la ciudad).

Ovidio

Poeta nacido en Sulmona que, tras ejercer unos pequeños cargos políticos, se dedicó por entero a la poesía, acabando sus días con un triste final de exilio en la localidad de Tomis (Mar Negro), por orden del mismísimo Octavio. Quizás fue culpable de alguna acción privada deshonrosa o, simplemente, fue castigado por sus atrevidas propuestas morales, muy alejadas de las que el "princeps" intentaba inculcar a sus ciudadanos. A pesar de su público arrepentimiento (manifestado en sus obras Tristes y Pónticas), acabó sus días apartado de Roma.

Ovidio es, quizás, el autor que más influyó en la literatura occidental, en Chaucer y Shakespeare sobre todo, con su monumental obra las Metamorfosis: relatos en verso de la leyenda y mitología clásicas sobre las transformaciones sufridas por diferentes personajes cuyas acciones amorosas, celosas o vengativas provocan que los dioses les transformen en diferentes seres vivos o celestiales. Entre ellas aparecen las historias del origen del mundo, Faetón, Eco y Narciso, Píramo y Tisbe, Filemón y Baucis, Aracné, las bodas de Cadmo y Harmonía y versiones de los mitos de Jasón, Ulises, Hércules, etc..

Es autor también -motivo, tal vez, de su alejamiento- del Ars Amatoria, un poema burlesco y didáctico sobre el arte de la seducción, instrucciones para hombres y mujeres gustosos de placeres mundanos.

4. Los tiempos de Séneca

Después de Augusto sigue la nómina de la primera de las dinastías, la Julio-Claudia, donde se hallan algunos de los Emperadores más conocidos como Tiberio, Calígula, ... hasta llegar a Nerón, maestro del cual fue un ilustre hispano, un cordobés llamado Lucio Anneo Séneca, sin duda una de las figuras más apasionantes de la Historia y literatura romanas.

Filósofo de la escuela estoica (aquella que defendía, entre otras propuestas, la resignación de la voluntad ante las dificultades y los sufrimientos humanos como virtud máxima) Séneca dedicó gran parte de su vida a enseñar al futuro emperador las artes del gobierno y la generosidad del gobernante (con obras, por ejemplo, como De clementia), y fue también autor de géneros literarios diversos como los tratados (De otio o De vita beata) y las cartas (las Epístolas morales a Lucilio que tratan sobre diversos aspectos de la vida: la felicidad, la riqueza, la esclavitud, la muerte...; muy ilustrativas además sobre la vida cotidiana del mediados del siglo I, y de enorme trascendencia para las primeras ideas del Cristianismo incipiente)
 






















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